Vientos del pasado

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Hace poco me encontraba husmeando por el disco duro que compré hace unos años y que podría considerarlo mi baúl de los secretos. Como era de esperar, cada carpeta que abría era un mar de recuerdos, algunos medio olvidados y otros muy presentes en mi memoria. Fotos antiguas, trabajos escolares, canciones. Miles y miles de micro-puentes que tendían la mano hacia el pasado.

Un vuelco al pasado navegando por todos esos momentos increíbles que de alguna manera han forjado lo que somos a día de hoy y que vienen a nosotros con un sabor amargo y nostálgico. Porque recordar aquellos momentos nos hace recapacitar; sobre el valor de haber vivido despreocupados dentro de un mundo tan hostil, las personas que antaño lo fueron todo y desafortunadamente hoy no son más que cenizas, de todo aquello que no hicimos y desearíamos haber hecho, y sobre todo del amor de la familia.

El pasado alberga muchas historias, algunas buenas y otras no tan buenas. Pero nunca hay que mirar al pasado como algo malo, ya que el pasado  siempre está  muy presente y cuando menos te lo esperas soplan sus vientos para trasladarte. Porque son los vientos del pasado los que te invaden en  momentos de máxima debilidad y te hacen viajar a lugares en los que éramos extremadamente felices y reíamos sin parar.

Y muy pocas veces nos paramos a pensar y miramos atrás para agradecer todo lo que hemos tenido cuando éramos pequeños. Lo afortunados que hemos sido al crecer en una familia, los amigos que hemos conocido y las aventuras que hemos vivido. Memorias que nos ponen los nervios a flor de piel.

Y hoy, no quedan más que los vestigios de todo lo que un día fue …

Jonan.

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Madrugadas

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Las madrugadas, las podríamos clasificar como las horas que siguen a la media noche. Son momentos muy importantes para todo ser humano ya que no sólo descansamos después de un largo día, sino que es un momento fundamental para nuestro cuerpo. Debido a nuestro ritmo circadiano, nuestro cuerpo segrega una serie de hormonas las cuales son necesarias para nuestro correcto funcionamiento y para reparar daños. Podríamos decir que es la puesta a punto de nuestro cuerpo.

Pero hoy no os vengo a hablar de las madrugadas y su importancia en el cuerpo humano, sino para la persona en sí. Las madrugadas son momentos mágicos, hechizantes y de pura reflexión. Las podríamos comparar con el momento de la ducha pero ya hablaremos de eso en otro momento. Y os preguntaréis ¿de pura reflexión?

Pues sí, así es. Desde que nos levantamos no tenemos casi tiempo para pensar en nuestras cosas ni en nosotros mismos, que si el trabajo, la escuela, jornadas extra escolares, la compra … Muchas veces nos levantamos deseando volver a acostarnos para poder pensar en esas cosas que ocupan nuestra mente (y porque tenemos sueño, eso también).

Son esos momentos donde te metes en la cama, te tapas hasta el cuello y das rienda suelta a todo tipo de pensamientos y sueños. El puente, el enlace, el nexo a nuestro mundo idóneo. Nuestro billete a una utopía perfecta y moldeada a nuestra manera. Un lugar que difiere mucho de la realidad y donde las cosas ocurren a gusto del viajero. Y todo esto, unido al dulce olor que emana la noche y se abre paso por nuestra ventana.

Y es que es verdad, la noche tiene algo enigmático, indefinible, invisible al ojo humano que la hace tan especial. ¿Cuántos de vosotros no habéis estado hasta altas horas de la noche pensando en todo aquello que os inquieta, os asusta, os encanta, os hace felices u os habría gustado que pasara de otra manera? Yo, al igual que todos vosotros, soy uno de esos viajeros que hace uso del calor de su cama y el dulce olor de la noche para preguntar y resolver cuestiones amargas.

Y al final, después de unas largas horas de autorreflexión y de dar respuesta a todas esas preguntas que recorren nuestras neuronas, establecemos una conexión única con lo más hondo de nuestra persona, con nuestra alma. Por muy breve que sea esa conexión es la justa y necesaria para calmar nuestras inquietudes. A la mañana siguiente puede que nos levantemos cansados y con unas ojeras enormes pero habrá merecido la pena.

Yo, personalmente, suelo reflexionar saliendo a andar solo o en la cama por las noches. Me suele gustar acompañar esos momentos con música, siempre acorde al asunto que le voy a tratar. Pienso que es algo básico para todo ser humano poder pararse a pensar en uno mismo e intentar dar soluciones a todas esas dudas y problemas que nos rodean; ya sea por el hecho de mejorar la situación y principalmente, porque es sano para nosotros.

Si tenéis algo que añadir o experiencias personales de cómo hacéis uso de estas horas tan mágicas, dejádmelo en los comentarios para que lo lea.

Jonan.

Odisea sobre ruedas

Bueno, hoy por fin he llegado a mi querida tierra Euskadi (País Vasco) y va a ser el último día que comente sobre mi viaje a Andorra, el día en si quiero decir. Porque la verdad que para volver ha sido una odisea, sino no sería un buen viaje, ¿cierto?

Por la mañana hemos hecho lo típico, recoger las cosas y dejar limpio el apartamento. Nada fuera de lo común. Entregamos las llaves en recepción y nos ponemos rumbo a Euskadi. Al pasar por la frontera nos hemos puesto nerviosos ya que llevábamos algo de alcohol y basta para que tengan un mal día, te paren y te hagan sacar todas las cosas del coche y que te pillen el alcohol. Bueno, al final pasamos la frontera sin ningún problema.

Cuando estábamos llegado a Zaragoza nos salta el chivato del aceite. Una movida de la leche, porque nos tenemos que parar en el arcén de una carretera secundaria (no íbamos por autopista porque nos habíamos saltado la entrada) y cada vez que pasaban los camiones zarandeaban el coche con el aire. Además, mi padre no quiso poner los triángulos porque para sacarlos tenía que vaciar todo el maletero y eso era cosa imposible porque habíamos estado a la mañana jugando al Tetris para poder meter todo el equipaje.

Total, que el coche tiene el aceite justo para poder andar y llegar hasta una gasolinera cercana donde nos paramos para comprar aceite. Al ir a mirar el aceite, no teníamos ni idea de qué aceite comprar y mirando el librillo que trae el coche con las especificaciones tampoco nos hemos aclarado. Resumido; hemos comprado un aceite cualquiera que le valía al coche, no el homologado. Ya me veía yo equivocándome y echándole aceite de oliva virgen extra al coche.

Después de echarle aceite al coche, nos ponemos en marcha y paramos un poco más adelante en un bar/buffet para comer. Al entrar y ver pintxos, mi madre y yo decidimos comer unos pintxos en vez de un mísero bocata. Así que mi madre decide confiar en mí, error garrafal, y me dice que le coja los mismos pintxos que yo coja para mí. Cojo tres pintxos y de esos tres dos eran una mierda. Me explico: el pintxo de tortilla en vez de estar hecho de huevo estaba hecho de huevina y la patata estaba más dura que una piedra, vamos que estaba incomible. El segundo pintxo era de jamón ibérico y llevaba tomate, cosa que a mí no me gusta nada. El último pintxo era una croqueta de txorizo que estaba buenísima. Cabe decir que mi madre como los dos pintxos anteriores no le habían gustado decide darme su croqueta y acabo comiéndomela yo.

Después de comer nos montamos en el coche y retomamos nuestro camino. A lo largo del viaje paramos un par de veces a estirar las piernas y tomar el aire y a eso de las 5 de la tarde llego a mi casa. Un viaje de vuelta intenso la verdad pero ya estoy de vuelta en mi tierra querida.

Esto ha sido mi viaje de vuelta. Si os ha pasado alguna vez alguna aventurilla parecida, dejádmelo en los comentarios para que lo lea.

Jonan.

Último día andorrano

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Hoy es mi último día en Andorra y ha sido un día bastante interesante. Así que no sé por donde empezar.

A la mañana fuí a dar un paseo con mis padres a un lago que no es que fuera un espectáculo (comparándolo con los anteriores que he visto). Había cerca una carbonera que se podía ver por dentro para saber como funcionaba y poco más. Podemos resumirlo todo en decepcionante.

Después de perder la mañana en ese lago hemos bajado al pueblo de Encamps a comer. Hemos estado buscando un sitio que nos gustara y al final hemos acabado entrando en un restaurante de la vieja escuela. Ya sabeis, esos restaurantes llevados por una familia que dedica toda su vida a ese restaurante.

Casualidad que la mujer se iba hoy con su familia de vacaciones y no se podía pedir más que dos cosas de la carta. Hemos pedido todos filetes y puré de patatas. Yo probé el puré de patatas y no me gustó mucho así que me comí el filete y la ensalada. Como no soy muy fan de la cebolla y no me la iba a comer, clavé la cebolla en el puré de patatas haciendo una obra de arte.

Lo mejor viene cuando llega la camarera, ve mi obra de arte al recogerme el plato y se parte el culo delante de mí. Eso ha causado que todos acabáramos riéndonos en ese momento. Momentazo épico, sin duda.

Después de volver al apartamento, descansar y ducharme, salimos a hacer unas comprar. Por el camino vi pasar a la chica rubia de la caseta del Valle de Incles que tanto os he hablado. Estaba sentada en la parada del bus. Una pena no haberme podido despedir.

Bajamos a Andorra la Vella a hacer unas compras y después de todo eso volvemos al apartamento a recoger las cosas porque nos vamos mañana.

Jonan.

Agures y alarmas

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Hoy os vengo a hablar de mi día anterior, ya que esto os lo estoy escribiendo el día siguiente. Así que os hablo del día 28 de agosto de 2018.

Fue un día bastante peculiar, la verdad. Sigo en Andorra y me tocaba elegir ruta para andar ya que estas vacaciones nos hemos dedicado a patearnos los pirineos.

Bien, pues elegí una llamada “Estany del Siscaró” (muy recomendable) y como no estaba seguro de como llegar, opté por preguntar en la caseta del Valle de Incles. Como os suponeis, pasé de ir a la caseta principal y me fuí directo a la que estaba a 3km.

Me encontré en la caseta a la chica rubia tan maja que os había hablado en el post anterior. Bueno, pues un amor de mujer, me explicó la ruta perfectamente y me recomendó rutas para los días que me quedaban. Al despedirme me dice: adioAGUUUR! Resumen: un amor de persona. Si algún día lees esto chica rubia que estaba en la caseta del Valle de Incles (la que estaba a los 3 km de la carretera), tienes mi amor ganado.

Después de hacer la ruta volvimos al apartamento y nos pusimos a hacer la comida. (*aclaración: cuando entramos al apartamento el día que llegamos a Andorra nos dijeron que tuvieramos cuidado al cocinar). Total que mientras que mi madre calentaba el aceite para hacer huevos fritos, yo me duchaba y de repente salta la alarma anti incendios.

Lo siguiente ya es flipante, porque la alarma se oye en todo el bloque y hace que la gente salga de sus apartamentos para salir a la calle. Al rato, llaman los de recepción a la puerta y entran para ver si había fuego y asegurarse de que todo estaba bien. Vamos, que la liamos parda.

El chico que vino muy majo, porque parece ser que no es la primera vez que pasaba y no nos dijo gran cosa pero la liamos parda ya que esas alarmas suelen estar conectadas a las centralitas de los bomberos etc… Por cierto, el chico al irse se despidió con un AGUR. (Otra persona majísima, la verdad).

Y os podeis suponer que desde entonces, cada vez que cocinamos estamos acojonaditos pero nos lo tomamos con humor. Eso que nunca falte, el buen humor.

Pues esto ha sido mi día, ¿os ha pasado alguna vez algo parecido? Si os ha pasado dejádmelo en los comentarios para que lo lea.

Jonan.

Agur

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Hacía tiempo que no escribía y qué mejor que volver a retomar la costumbre.

Hoy, 27 de agosto de 2018, escribo desde Andorra. Estoy de vacaciones con mis padres después de estar unos días en Benasque.

Una de las cosas que más me gusta de la montaña es la tranquilidad que se respira en ella. Y estos días también me ha sorprendido en especial la gente que me he encontrado en la montaña.

Lo más curioso de todo es la forma de saludar que tiene cada uno, que depende del idioma en el que hables (claramente). El otro día me encontré con un chico catalán que me saludó en su idioma y eso me hizo reflexionar bastante.

Yo, como vasco/euskaldun hablo euskera y muchas veces me dicen mis aitas (padres) que no salude en euskera que no estamos en Euskadi. Y yo eso no llego a entender, porque el mero hecho de saludar (que es típico en la montaña) no es una situación donde vaya a haber malentendidos. Así que preservad vuestro idioma.

Por otro lado, hay un gesto precioso que me hizo el día. Iba yo con mis aitas a realizar una ruta al Valle de Incles en Andorra y nos acercamos a la cabaña de información. La primera estaba en la entrada de la carretera y no nos dijeron gran cosa, nos mandaron directamente por la carretera hasta el siguiente puesto de información que estaba a 3 km.

Una vez llegamos, me encuentro a una chica rubia, muy joven que debía de ser de mi edad, más o menos (tengo 21). Bien, pues esta chica que trabajaba en la caseta de información del valle, nos atendió la hostia de bien y nos explicó todo de lujo incluso nos recomendó rutas etc …

Bueno, pues lo más curioso de todo es que al despedirnos yo como siempre saludé en euskera y dije “AGUR” a lo que ella me contestó con lo mismo. Realmente es una tontería, pero a mí me hizo el día. Me pareció un gesto super bonito el hecho de que una persona te salude en tu propio idioma.

Pero esto no acaba aquí, después de una ruta larga bajamos y nos dirigimos a la caseta otra vez a que nos diera rutas para el próximo día pero ya no estaba en la caseta. Entonces, recorrimos los 3 km de carretera para volver y dimos con la caseta que estaba al principio del camino y decidimos entrar a preguntar.

La verdad es que no íbamos con muchas expectativas porque la primera vez no nos ayudaron mucho. Bueno, nos acercamos y pedimos información y para nuestra sorpresa sale la chica rubia de la caseta anterior. Como os he contado antes, nos volvió a explicar una ruta para el próximo día que fue preciosa (escribo habiéndola hecho ya, jeje). Y cuando ya acabó de explicarnos todo, yo y mi costumbre volvimos a hacer de las nuestras y saludé en mi idioma diciendo “AGUR” otra vez.

Y para mi gran sorpresa, la chica rubia super maja me contesta con un agur esbozándome una sonrisa. Y ME HIZO EL PUTO DÍA.

Realmente es una tontería, pero a mí me sorprende porque es una persona que controla las lenguas que se hablan en andorra e hizo el esfuerzo de responderme en mi idioma.

Sinceramente, creo en la importancia del uso de un idioma aunque yo no sea un ejemplo pero lo creo. Y para mí que una persona te salude en euskera sólo porque has saludado en euskera es algo precioso. Muchas gracias por aquel gesto de saludarme en euskera diciéndome “Agur”, chica rubia de la caseta.

A los que me lleguéis a leer, ¿qué opináis de este tipo de gestos por parte de gente que no habla vuestro idioma?

Jonan.